domingo, 20 de noviembre de 2016

EL HOMBRE SIN NOMBRE  EN
LA RONDE DE NUIT









LA RONDE DE NUIT[1]
PATRICK MODIANO
(1969)

Marcaba claramente las distancias: suyos y de su estado mayor eran la pureza
 y el heroísmo. Para mí, las tareas del espionaje y el juego doble.
Al volver a leer aquella noche la Antología de los traidores, de Alcibíades al
capitán Dreyfus, me pareció que a fin de cuentas el doble
 juego y -¿por qué no?- la traición encajaban
bien con mi doble carácter travieso.

(MODIANO, 2012, p. 171).

Francia durante la posguerra ha sido u foco literario con una nube polvorienta que intenta salvaguardar las verdades nacionales, que han decidido plasmar su perspectiva sobre la realidad del sujeto sometido por los nazis en lo que convenía a la firma  del armisticio[2]. Patrick Modiano se acerca a este periodo con disyuntivas que van a poner en relieve la realidad fragmentada de Francia, la pérdida de la identidad del sujeto y el conflicto mismo del autor, al destinar sus letras e investigación a la búsqueda de su herencia nacional.

Es bien sabido que la experiencia literaria de un escritor puede tener gran revelación en su compendio, sabiendo en estos tiempos que no se puede comprometer el lector con la lectura de una obra como si estuviéramos leyendo al autor. Si, la obra ya se desliga del autor y manifiesta su propia autonomía, sin embargo, constriñe circunstancias relevantes que nacen desde la realidad del sujeto escriturario. Para aclarar el contexto histórico en que discurría la obra, E. Ibañez en su texto Historia de la literatura- Literatura contemporánea (1995) en donde afirma que “las consecuencias de la segunda guerra mundial iban a marcar profundamente a Francia, quizás el país que más ha dejado sentir con posteridad el sentimiento de humillación nacional de la ocupación” (IAÑEZ, 1995, p.119).



Modiano, en La ronde de nuit (La ronda nocturna – 1969) amplia, literaria e históricamente, los vacíos y rasgos sobre la descomposición del sujeto francés durante la Francia Ocupada. A continuación se evidenciará un panorama que nos pondrá entre dos bandos destinados a confluir en la decadencia de todo lo que constituía al país humillado y desgraciado por los alemanes durante la segunda guerra mundial bajo la voz de un hombre sin nombre. Un hombre que es ante los ojos de los lectores dos personas en una y ninguna a la vez. Es Swing Troubadour para los colaboracionistas farsantes y La princesa Lamballe en el entonado grupo de ex militantes que defendían las ideas nacionalistas.

A manera de sinopsis, La ronde de nuit inicia de la siguiente manera: París, ciudad asediada por las fuerzas alemanas y en proceso de degradación. Un hombre joven en un bar- restaurante aparece dubitativo y temeroso frente a la realidad de dos personas que tiene al frente, Esmeralda y Coco Lacour. Es intervenido a su salida por dos hombres: El Khédive (ex convicto) y Philibert (inspector destituido), dos policías tramoyeros que no comparten los ideales de reconstrucción nacional, y por lo demás solo se encargan de acrecentar sus necesidades económicas bajo el engaño, la muerte y el tráfico ilegal de mercancía. Acepta la petición de trabajo, y con veinte años, comienza a laborar en contra del ideal que aún no identifica como propio, con permisos para cargar armas y entradas a cualquier lugar. Utilizando ese diez por ciento de pago tanto en sus necesidades como  complaciendo el confort de su madre.

No pasemos por desapercibido  que el pensamiento de un joven de veinte años pasa por las diversas perspectivas de la vida al visualizar su futuro. Swing T. se pregunta ¿Qué hará cuando París vuelva a ser la ciudad Luz? Ahí precisamente es donde su trabajo predispone a Troubadour a la delectación taciturna: confidente de la policía y chantajista a los veinte años, es perspectiva  que cierra muchos horizontes. Le encargan la vigilancia de un tal Dominique, ex oficial y prisionero de guerra evadido quien desea reivindicar la normatividad de su nación, de su ciudad. S. T.[3]  se hace pasar por un prisionero de guerra evadido, sin un céntimo, realmente desamparado. Dominique le invita a conocer el grupo que dirige compuesto por otros prisioneros de guerra evadidos, oficiales en activo, la mayoría procedentes de la Academia Militar de Saint Cyr, quienes esperan restablecer en un corto plazo la libertad moral francesa.

Este grupo al que se introduce como espía, le otorga  la misión de espiar a los dos jefes de la agencia de doble fondo: El Khédive (Henri Normand) y Philibert. La encrucijada y el tiempo disponible para mantener ambos grupos informados logran debilitar su físico. Un mentiroso debe tener buena memoria y una excelente elocuencia para satisfacer las órdenes de los dos bandos. Con la OCS logra tener afinidad, lo cual pone en quiebre su pensamiento. No obstante su controversia mental y física lo agotan y en un abrir y cerrar de ojos. Termina entregando a la organización de los caballeros de la noche, luego es delatado frente a los de la agencia fraudulenta,  y por último, huyendo de París “con un gesto torpe y manejando a medias” (MODIANO, 2012, p. 252).


La ronde de nuit da su apertura con un narrador en primera persona al que denominamos “el hombre sin nombre”, ya que no manifiesta una identidad clara ni un bando de acción. Se mueve bajo la niebla espesa parisina, bajo los seudónimos de Swing Troubadour y La princesa Lamballe. La parís de 1940 nos constriñe con su perturbante espejismo, escozor y melancolía de la Francia como yugo  de la ocupación alemana en la segunda guerra mundial. El aspecto de la ciudad se ha modificado a partir de los ojos del narrador- personaje. Ya no es considerada la ciudad de la luz, por el contrario su realidad se ve degradada, se encuentra en crisis nacional. Los colores que sobre salen tiñen de podredumbre colaboracionista y viciosa, las calles de “la vid”  francesa y maquillan los valores nacionales de mañas mundanas y degradantes. Su experiencia en ambos bandos de la vida parisina deja entre visto la realidad ficcionalizada de una época borrosa.

Las calles de esta ciudad grisácea, alberga la existencia de personajes con su esencia nublada por las ganas de olvidar. Estos personajes con la libertad coartada por las milicias hostigosas de Alemania, asedian los espacios de ocio, licor y festejo con el ánimo más inmediato que interactúa. Inundan  las ganas de perder la razón, perder la referencia de lo acaecido: la muerte de la idea nacionalista en Francia, específicamente en París.

Las nueve de la noche. Los faroles de Les Champs- Élysées relumbran como antaño. No han cumplido sus promesas. Esta avenida, que de lejos parece tan majestuosa, es uno de los lugares más viles de París. Claridge, Fouquet´s, Hungaria, Lido, Embassy, Butterfly… en cada etapa me encontraba con alguien: Costachesco, el barón de Lussatz, Odicharvi, Hayakawa, Lionel de Zief, Pols de Helder… Rastacueros, estafadores, abortistas, periodistas poco claros, abogados y contables fulleros, que gravitaban en torno al Khédive y al señor Phillibert (MODIANO, 2012).

No se puede excluir la presencia del sonido intradiegético que arrastraba con la atmósfera de la novela de Modiano. Charles Trenet lleva acuestas el título de una pieza que sonaba en uno de los salones de encuentro de asistentes parisinos en estado de descomposición social. Todos los personajes de nombres curiosos, entrañados en el recuerdo y con el anhelo de olvidar, bailan y cantan con tan ímpetu que pareciera la última ronda de la activa melodía de Swing Troubadour, la melodía de la vida en París bajo su angustiosa realidad, melodía que es a su vez un hombre, que es París atormentada  y la opera de La ronda nocturna.

Este narrador protagonista relata la trama en dos instancias: por un lado esboza cómo fue su acercamiento con ambos grupos en contraposición, La agencia privada policiaca fraudulenta, y la OCS[4] (organización de los caballeros de las sombras). Por otro lado está su posición, su condición humana frente a las realidades planteadas por los diferentes grupos que intentan sumergir o reposicionar las ideas nacionales de Francia durante las horas  pertenecientes a la ronda nocturna de las fuerzas militantes de vigilancia nazi.

Voy haciendo eses sobre un laberinto de reflexiones y llego a la conclusión de que todas esas personas repartidas en dos clanes enfrentados se han coaligado en secreto para perderme. EL teniente y el Khedive son la misma persona y yo no soy sino una mariposa espantada que va de una lámpara a otra y se abrasa las alas cada vez un poco más (MODIANO, 2012).

Algo interesante que denota la obra modianesca como literatura contemporánea es su apertura a la auto-ficción literaria. Hace rato hablábamos de la mediación de una obra y de su desprendimiento no completo del autor, ahora pondremos en parangón los contextos históricos que pueden ser representados en el marco literario y que corresponden a una realidad histórica determinada. 1940- segunda guerra mundial, Francia. Cuando tuvimos la oportunidad de dialogar sobre la relación de la narrativa Modiana con su experiencia de vida, surgieron mediaciones que interpretaban la semejanza de ambas partes, sin embargo la ventaja del autor no es tanto representar su vida, la cual solo es importante para cada individuo, su narrativa confiere a la posibilidad de evidenciar su forma de percibir un conflicto que ha quedado en el alzheimer colectivo.

Siguiendo los preceptos de  Leticia Vila-Sanjuán Zamora en su texto La autoficción y su auge en la narrativa contemporánea,  “La teoría literaria existente acerca del fenómeno autoficcional reconoce que es en Francia donde tradicionalmente se ha seguido y popularizado esta corriente”  (VILA, 2013, p.33) evidenciando las características que Modiano frecuenta para relatar una historia que no habitó cronológicamente, pero que sí forma parte del desarrollo personal de su identidad y que solo a través de la literatura ha hallado los rastros de esa herencia extraviada.

Swing Troubadour contribuye a ser la representación del hombre francés en cuanto a la perdida de los valores nacionales. Más que un hombre, parece ser él mismo París, una ciudad sin nombre, asediada, sometida y perturbada. Sin extrapolar la idea frente a la narrativa contemporánea sobre la crisis de identidad, Patrick Modiano nos ilustra con este personaje melancólico e impredecible.  Su personalidad es variable. El ejercicio doble moralista lo sacia pero lo intimidad a la vez. Desea una vida mejor, pero se siente cómodo haciendo los mandados de la agencia policíaca privada. Es consciente de la descomposición moral desencadenante, aunque los que no comparten los hechos fáusticos de la época, deciden emigrar.

Habría preferido dedicarme a una causa más noble que la de esa pseudoagencia de policía privada. Me habría gustado la medicina, ero las heridas y el aspecto de la sangre me ponen malo. Como soy de natural desconfiado, estoy acostumbrado a considerar a la gente y las cosas por el lado malo para que no me pillen por sorpresa. Me sentía, pues, completamente a gusto en la avenida Niel en donde no se hablaba más que de chantajes, de abusos de confianza, de robos, de estafas y de todo tipo de tráficos, y en donde recibíamos a clientes que pertenecían a una humanidad enfangada (MODIANO, 2012, p. 205).

La lectura de la ronda nocturna produjo un sentimiento que no ha producido las demás obras de Modiano, y es esa necesidad de buscarse entre las circunstancias arrolladoras de la vida y no encontrar más salida que la de la lucha contra el miedo, la incertidumbre del destino y la confabulación de la realidad para disponer del hombre dentro de esa dualidad. En algunos casos, esa ambivalente posibilidad de fracasar o triunfar se pormenoriza según la amplitud de las acciones, otras veces, como al hombre sin nombre: Lamballe- Troubadour, vivir o morir. “Aquella ciudad desierta entonaba con mi estado de ánimo (…) il a souffert chaque jour, il pleure avec le ciel de París (Ibíd., 2012, p. 213)[5].

El valor de la narrativa de Modiano es el puente que nos revela la niebla espesa de la Francia que por mucho tiempo nos ha parecido el país del Eros, de la vid, multicolor e inspirador. ¿Destruido? ¿Cúando? La cartografía Francesa en La ronde de nuit y la degradación del hombre francés durante y en la posguerra deja de antemano destapada la olla del espectáculo caótico alemán. Hoy por hoy nos dejamos recodear por los buenos escritos poéticos y novelísticos que idealizan el ser francés, pero para dar licencias al carácter de este sujeto, es necesario acudir al pasado. Tomemos La ronde de nuit como una máquina que devuelve el tiempo y dejémonos cautivar por el panorama que deslinda El hombre sin nombre, ese hombre que es tanto uno, como otro, o como nadie. Un Lamballe o un Troubadour, un ser que es más que un ser: una nación despojada de la luz. Un hombre sin nombre.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

·         MODIANO, Patrick (2012). La place de l’etoile (El lugar de la estrella). En, Trilogía de la ocupación. Editorial Anagrama. Barcelona – España.
·         IAÑEZ, Enrique (1995). Historia de la literatura- Literatura contemporánea (Después de 1945). Coedición: Ediciones TESYS S. A., BOSCH – casa editorial S. A. Barcelona.
·         VILA, Leticia (2013) La autoficción y su auge en la narrativa contemporánea. Encontrado en: http://repositori.upf.edu/bitstream/handle/10230/25550/Vila-Sanjuan_2014.pdf?sequence=1





[1] De la traducción, María Teresa Gallego Urrutia, 2012. Editorial Anagrama S. A.

[2] Contrato realizado durante la primera guerra mundial. Su finalidad era terminar las hostilidades en el frente occidental. Se rompe en Agosto de 1944.
[3] S.T –Swing Troubadour: protagonista de La ronde de nuit (1969), Patrick Modiano.
[4] OCS: Grupo que impera bajo la idea de recuperar los valores nacionalistas despojados por los alemanes durante y después de la segunda guerra mundial.
[5] Solo desde siempre… Solo sufrió todos los días, llora con el cielo de París… (N. de la T.).