LOS BULEVARES
PERIFÉRICOS, (LOS PASEOS DE LA CIRCUNVALACIÓN) LES BOULEVARDS DE CEINTURE,
TRILOGÍA DE LA OCUPACIÓN, PATRICK MODIANO
Leo en varios blogs
sobre libros los diferentes recuentos del año que acaba, 2014, y los retos para
el 2015. Me sorprende la cantidad de lectores blogueros que se lamentan por el
hecho de haberse leído, tan solo, jajajaja, 47 libros y no los
cincuenta previstos, o treinta y seis y no los treinta y siete que se habían
propuesto.
La literatura no es
un reto, es un acto de fe, una solución a nuestras vidas, una reflexión sobre
el horizonte intangible que es la existencia. Una lectura es un acto en sí
mismo, es algo único, un hecho importantísimo que cambia el universo y,
también, por supuesto, a nosotros mismos. Habrá años que leeremos cincuenta
libros, otros cien y otros, es posible, solo uno, porque su intensidad, su
dificultad, el dolor experimentado no da para más. Pero este vicio absurdo de
los retos se extiende como una marea viscosa, como algo descontrolado: twiters
con propósitos, lecturas colaborativas, ¡cómo coño se puede leer
simultáneamente treinta libros todos al unísono y todos impuestos!, no lo
entiendo. La lectura es íntima, un acto necesario de introspección y análisis,
que luego, puede compartirse, o no. ¿Retos? Ahora ya nos los impone Zuckerberg,
¿queréis más comentarios?
Con esta entrada
acabo la Trilogía de la ocupación de Modiano. A lo largo de la
tres novelas el autor nos ha descrito la ocupación física, la moral y el
antisemitismo en espacios deshabitados y ocupados como excusa para la
depravación moral y la delincuencia: gángsters, timadores, putas, depravados
morales, pillos, aprovechados.
En pocas palabras,
la gente estaba acabando por pensar que el pueblo estaba en manos de una banda
de gánsters...
...Se pasaron un
cuarto de hora desgranando, igual que si fueran las cuentas de un rosario,
nombres de bares y de salas de fiestas, como si París, Francia y el universo no
fueran sino un barrio de prostitutas, un gigantesco burdel a cielo abierto.
Modiano se
adentra en la ocupación interior, en la necesidad del padre como figura que
determina el futuro del hijo. En este caso un hijo dejado en un orfanato y
recuperado, sacrificado y rescatado, en cierta manera, por el perdón. La
ocupación, obviamente, es interior, metafísica, porque el padre ocupa los
resquicios de la conciencia del hijo, de sus deseos, de la configuración difusa
de su realidad. El padre omnipresente en su dejación, en su pasotismo, en su
indiferencia afectiva. Pero padre, al igual que el de Kafka, omnipresente en la
iconografía del personaje.
Pero no deja de
hablar de la ocupación real de Francia, aunque de una manera atemporal,
desubicada en el tiempo, tan solo centrada la acción dramática por referencias
de canciones de la época ( je n'en connais pas la fin popularizada
por Édith Piaf en 1939). Los personajes son hampa, villanos en
busca de una épica de lo sórdido.
Muraille es un
extorsionista; Marcheret es un legionario que, tal vez, también buscaba a su
padre; Maud Gallas tal vez había regentado un local nocturno; Annie Murralille
es una prostituta veinteañera, actriz con mala suerte; Sylviane Quimphe una
prostituta que trabajaba en el tren y que tuvo suerte al heredar; y su padre,
un ser extrañado, vilipendiado por el hecho de ser judío, como dice el
protagonista,
mi padre. No sé
casi nada de él. Pero me lo inventaré.
porque su obsesión
por alcanzar su reconocimiento, por presentarse ante él como el hijo, son más
fuertes que la dignidad, su necesidad hace que utilice la literatura para
transformarlo en un personaje apto para sus deseos. Él estará dispuesto a todo
para alcanzarlo.
A estas penalidades
me sometía con la esperanza de establecer algún contacto con usted. Pornógrafo,
gigoló, confidente de un alcohólico y de un soplón, ¿hasta dónde iba usted a
arrastrarme?
Por eso llegará al
asesinato de unos pronazis en una fiesta (ES MI PADRE. Le apreté el
cuello y me dolían los pulgares) porque la necesidad de ser
reconocido, de encontrarlo es el único fin de su existencia a pesar de la
distancia cósmica que les separa.
Debe de ser que un
padre y un hijo no tienen gran cosa que decirse.
Me parece una
trilogía indispensable. Como no he encontrado la sinopsis original de la
editorial Alfaguara os dejo esta interesante síntesis
de la página web Funciónlenguaje que
me ha parecido perfecta. Hoy en día los tres libros de Modiano sobre
la ocupación los tenemos en Anagrama, os dejo sinopsis y
datos a continuación de la primera reseña.
Los paseos de circunvalación redondean el tríptico. La misma vaguedad en
cuanto a los personajes, una retahíla de nombres que van y vienen para albergar
a seres vacíos de los que en definitiva sabremos poco y nada. Aquí el narrador
se presenta como novelista, dice llamarse Serge Alexandre y traza el retrato de
su padre, gordo, anodino, delincuente situado entre la poca monta y el guante
blanco, ocupador de mansiones deshabitadas, y capaz de sacrificar judaicamente
a su propio hijo tirándolo a las vías del tren, episodio que el buen Serge
cristianamente le perdona. En un punto de estas historias de Modiano, uno sabe
que nada tiene pretensión de realismo. Que en todo caso su realismo no tiene
que ver con una descripción de ambientes, personajes y hechos. Que es más bien
un pesadillesco retrato del alma, con mucha metaliteratura, y un sentido de lo
histórico que supera la sujeción de las cronologías y los oficialismos.
ISBN
978-84-339-7580-5
PVP sin IVA 22.02 €
PVP con IVA 22.90 €
Nº de páginas 384
Colección Panorama de
narrativas
Traducción María Teresa Gallego Urrutia